VISITA AL SANTUARIO DE LAS MARIPOSAS MONARCA
27 de enero de 2015
El Instituto Mexicano Regina organiza cada año una visita a la Reserva de la Biósfera de la Mariposa Monarca en el Estado de México. Este gran evento se realiza con alumnas de segundo año y área II de Bachillerato. El objetivo es que las alumnas conozcan, valoren y tomen conciencia de uno de los milagros de la naturaleza más impresionantes con los que cuenta nuestro país, pues es el lugar al que llegan miles y miles de mariposas monarca que nos visitan desde Canadá y Estados Unidos. Es por ello, que nos sentimos ampliamente agradecidos con nuestro Padre Creador que nos permite tener contacto con una de las reservas de la Biósfera más emblemáticas de nuestro país, atendiendo así al llamado que nos hace el Papa Francisco, en su encíclica Laudato Si, en la cual, el sumo pontífice quiere iluminar “la conciencia de nuestro origen común, de una pertenencia mutua y de un futuro compartido por todos” para así desarrollar nuevos modos de vivir y relacionarse (LS, 202).
El otoño marca el inicio de uno de los eventos más bellos que la naturaleza regala: la llegada de 7 a 20 millones de mariposas monarca a los bosques mexicanos. Tras recorrer miles de kilómetros, para alejarse del frío invierno del norte de Estados Unidos y Canadá, estos hermosos ejemplares se dejan ver mientras juguetean en los bosques de pino y oyamel en Michoacán y el Estado de México.
Danaus plexippus, nombre científico de la mariposa monarca, posee una gran belleza y colorido y, desde el punto de vista ecológico, son importantes polinizadores especializados para cierto tipo de plantas que van encontrando a largo de la ruta que ellos atraviesan.

Se distinguen de sus congéneres por su longevidad; mientras otras mariposas tienen un ciclo vital de 24 días, las Monarca puede vivir hasta 9 meses. Estos frágiles insectos no llegan a un gramo de peso y su desgaste energético es altísimo pues el recorrido de 4,500 kilómetros desde Canadá hasta México. Sus alas presentan un patrón de color naranja y negro fácilmente reconocible, con una envergadura de 8 a 12 cm. Existen diferencias básicas entre machos y hembras: Las hembras tienen sus alas más oscuras y además las rayas negras de las alas son más gruesas. Los machos, ligeramente más grandes, tienen rayas más delgadas respecto a las hembras y se pueden ver un punto negro en cada una de las alas traseras por el cual liberan feromonas.
La mariposa monarca ha hecho de México su segunda casa, se alimentan de unas hierbecillas conocidas en la región como venenillo y algodoncillo que, de no consumirlas, ocasionarían un desequilibrio ecológico en los bosques Michoacán y el Estado de México.
Cuando entramos en contacto con las mariposas y admiramos su belleza y su fragilidad, es cuando nos damos cuenta que Dios ha hecho grandes maravillas en la creación y entendemos las palabras de Francisco, “la persona humana más crece, más madura y más se santifica a medida que entra en relación, cuando sale de sí misma para vivir en comunión con Dios, con los demás y con todas las criaturas” (LS, 240). Francisco, nos invita a una conversión ecológica que implica vivir desde la lógica del don, donde todo se recibe con gratitud y se da y comparte con gratuidad; implica vivir y sentirse conectado con todas las demás criaturas que nos rodean; e implica, desde una actitud creyente, la donación total de uno mismo, de su vida, para intentar resolver los problemas de nuestro mundo usando nuestra creatividad y entusiasmo (LS, 220).
La Monarca concluye su largo viaje migratorio entre finales de octubre y principios de noviembre, llegando a sus áreas de hibernación en México y estableciendo, con ello, la creencia milenaria entre los pobladores de la región de que cada mariposa representa el alma de sus seres queridos, ya difuntos, que vienen a visitarlos. Permanecen en estos bosques hasta el mes de marzo del siguiente año, cuando emprenden nuevamente su recorrido hacia el norte.